La Ley de Justicia Juvenil (Cuidado y Protección de la Infancia), aprovada en el año 2000 para reformar la Ley de 1986 se diseñó como un marco legal integral por el que el gobierno de la India se comprometió a atenuar el impacto devastador que el subdesarrollo, la pobreza y el crimen ejercen sobre los niños. La Ley detalla las responsabilidades del gobierno en lo que se refiere al cuidado, protección y desarrollo de los niños desatendidos, pero también aborda asuntos relacionados con la prevención del crimen y la rehabilitación de niños delincuentes. Las disposiciones contenidas en la Ley de Justicia Juvenil conciernen a dos categorías de niños: aquellos a los que se los define como “en conflicto con la ley” y aquellos a los que se les considera “necesitados de cuidado y protección”. Esta última definición es vaga y muy amplia, y engloba a los jóvenes que mendigan por las calles, que no tienen hogar, a cuyos padres se les considera incapaces de hacerse cargo de ellos dado su grado de indigencia o tipo de vida,  los que han sufrido abusos físicos o sexuales, o los que pueden estar expuestos a esos riesgos en el futuro. Prácticamente la totalidad de los niños de la calle entran en esta categoría. Los jóvenes clasificados dentro de la categoría “en conflicto con la ley” son aquellos a los que se les ha detenido por violar el código penal de la India.

La Ley dictaminó que se establecieran nuevas instituciones encargadas del cuidado de niños delincuentes y desatendidos. Los centros de vigilancia funcionan como instalaciones temporales para jóvenes que han sido arrestados por la policía o que están desatendidos.

Los jóvenes “en conflicto con la ley” aguardan en estos centros hasta ser juzgados. Los niños “necesitados de cuidado y protección” permanecen en el centro hasta que se complete una investigación gubernamental destinada a encontrar a sus padres y recabar información sobre sus antecedentes familiares. En caso de que los padres hayan fallecido, no se los localice, se los considere incapaces de hacerse cargo de ellos o simplemente no quieran ocuparse de ellos, el Consejo para el Bienestar Juvenil se encarga de ubicar al niño en un Albergue Juvenil en el que el gobierno es el responsable de proporcionarles una habitación, educación y formación profesional. Mediante la distinción de los jóvenes en estos dos grupos, la Ley en realidad los criminaliza por igual al someterlos a la jurisdicción del sistema de justicia criminal. A los jóvenes de los dos grupos se los aloja juntos en el mismo Centro de Vigilancia por unos meses o más: los adolescentes que han cometido ofensas de gravedad se los interna con los niños, generalmente mucho más pequeños, cuyo único crimen es estar desatendido. En la práctica, no hay diferencia en el origen de su detención. La ley simplemente ordena el confinamiento de ambos, que se contempla como la única vía para su rehabilitación.

El centro gubernamental de vigilancia para jóvenes de Vijayawada se fundó en 1954. Está ubicado en un descuidado edificio de tres plantas cerca de Benz Circle, en el corazón de la ciudad. Como se dijo antes, la policía entrega a los niños inculpados por violaciones menores o simplemente por vagabundear por la estación de tren o autobús. Muchos de los miles de niños de las calles de Vijayawada cumplen los requisitos para que los confinen en el centro. Antiguamente, la gran mayoría de los niños detenidos eran niños de la calle que no habían cometido crimen alguno.

El Centro de Vigilancia funciona eficazmente como un “gulag” para niños, nada que ver con los objetivos nobles y ambiciosos que se pusieron por escrito al redactarse la Ley de Justicia Juvenil aprobada por el gobierno de la India. La vida en estos centros es horrible. 130 niños se apiñan a todas horas en una sala que no supera los 200m2 aproximadamente. Nunca se les permite salir y no disponen de instalciones para ocupar el tiempo en algo útil. Muchos de ellos están ocho meses o más confinados en el centro, ya que  el Consejo para el Bienestar Juvenil fracasa siempre a la hora de completar sus investigaciones en el plazo de tiempo establecido por la ley.

Las condiciones sanitarias de los niños es algo aún más preocupante. En efecto, el gobierno proporciona a los niños dos comidas diarias, pero éstas consisten únicamente en una porción escasa de arroz blanco y curry vegetal. Además, dado que el gobierno únicamente financia los centros para una capacidad máxima de 100 personas, cuando el número de niños supera esta cifra, como ha sucedido a menudo en el pasado, los niños no reciben una ración completa, y muchos de ellos presentan signos de malnutrición.

Los estándares de higiene son inaceptablemente bajos. Antes de que comenzáramos nuestra intervención, los niños se “bañaban” todos los días, pero tenían que compartir una única pastilla de jabón. A cada uno le correspondía una cantidad de agua determinada, que no superaba el litro. Además, a los niños no se les permitía cambiarse de ropa demasiado a menudo, una vez a la semana o menos. Los vigilantes no se preocupan de limpiar las salas ni los cuartos de baño, que están infectados de cucarachas y piojos. A consecuencia de todo esto, el hedor es insoportable. Todos los niños están repletos de costras, tienen mucha tos y fiebre. El centro, sin embargo, no dispone de fondos suficientes como para proporcionar medicinas, o personal suficiente para llevar a los niños al hospital público. Un médico contratado por Care&Share visita el centro una vez a la semana para atender a los necesitados y poner vacunas, pero nuestra intervención no puede evitar las consecuencias derivadas del abandono tan severo al que están sometidos estos niños. 

También hemos detectado que se producen abusos físicos de manera sistemática en el centro. Los vigilantes, que están prácticamente entrenados para ejercer como oficiales correccionales, tratan a los niños fatal y a menudo los golpean con el cinturón, con cables de teléfono doblados o con varas de bambú que se encuentran por todas partes. A algunos de ellos los obligan a estar de pie durante más de dos horas como castigo por haber cometido pequeñas infracciones, como reírse muy alto o hablar con otros niños cuando no se les está permitido. Si no consiguen mantener la posición durante el castigo, también los golpean. Además, los mayores abusan también de los niños pequeños. Las palizas son frecuentes y muchas veces se propinan con el objeto de coaccionar a los detenidos más jóvenes a que cometan actos sexuales. Muchos de estos niños, que inevitablemente sufren traumas psicológicos a raíz del abandono o las rupturas familiares, y que acaban viviendo en las calles, se ven obligados no sólo a vivir en condiciones de perpetua apatía, malnutrición, suciedad y aglomeramiento, sino que además tienen que lidiar con situaciones de intimidación y abuso.

Care&Share comenzó a intervenir en los Centros de Vigilancia en mayo de 1999 a petición del director. En un primer momento, el objetivo era simplemente hacer la vida un poco más llevadera a estos niños. Care&Share proporcionó comida y asistencia médica para atenuar los efectos de la malnutrición y la falta de higiene. Durante años, nuestro personal ha distribuido diariamente leche, plátanos y galletas, y en muchas ocasiones ha cocinado arroz y curry para los niños. Más adelante, Care&Share ha limpiado y pintado los locales en varias ocasiones para hacerlos más comfortables e higiénicos, y ha proporcionado ropa regularmente con la esperanza de que permitieran a los niños llevar ropa limpia más a menudo.

Además de atender las necesidades primarias de los niños, Care&Share ha provisto a los centros de personal y materiales necesarios para entretener a los niños y permitirles que ocupen su tiempo en hacer algo constructivo. Donamos una televisión y algunos juguetes y, lo que es mucho más importante, dos empleados de Care&Share pasaban en el centro siete horas al día, seis días a la semana, enseñando a los niños alfabetización básica y trabajos manuales. Asimismo, Care&Share ha contribuido a agilizar los trámites de puesta en libertad y traspaso. En 2004, 36 niños fueron puestos en libertad. Care&Share también ha colaborado con el director a la hora de poner en libertad y traspasar a los niños que no habían cometido crimen alguno. Algunos regresaron con sus familias; otros fueron alojados en Daddy’s Home (hasta la fecha hemos acogido a 130); y a otros los trasladaron a la casa de acogida de Eluru, en el que las condiciones son un poco mejores  y en el que Care&Share está trabajando para mejorar aún más las condiciones. Al mismo tiempo, estamos tratando de que se aplique la ley para confiar a las ONG el cuidado de los niños que se encuentren “necesitados de cuidado y protección”, en vez de que los envíen a los Centros de Vigilancia. Esta intervención ha logrado buenos resultados: a día de hoy sólo viven en el centro 39 chicos, todos a la espera de un juicio penal.




 











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