Tras acabar con millones de vidas en África y el Sureste de Asia, el SIDA está actualmente devastando la India. Hoy en día, la India ocupa el segundo puesto, después de Sudáfrica, en número de infectados por el VIH. Las estadísticas oficiales calculan modestamente que el número de mujeres y hombres afectados ronda los 5,1 millones. Como consecuencia de la lentitud con la que el gobierno ha respondido a esta crisis, y al uso de recursos inadecuados para frenar la pandemia, esta cifra está en constante aumento. El virus, que en un principio afectaba a un grupo de alto riesgo, como drogadictos por vía intravenosa y trabajadores sexuales, actualmente se está expandiendo por grupos de todas las edades, profesiones y castas. El estado de Andhra Pradesh tiene la mala fortuna de ser el estado con el mayor índice de infecciones por VIH: aproximadamente el 10% de los casos de VIH de la India se dan en Andhra.

A medida que el SIDA avanza implacablemente por la región, el impacto sobre las personas a las que atendemos nunca ha sido tan drástico. Cada año, el virus deja sin padres a muchos niños, y hoy viven en la India unos 1,2 millones de huérfanos a causa del SIDA. Además, con el transcurso del tiempo, cada vez son más los niños que rescatamos que acaban siendo seropositivos. Según un estudio de Naciones Unidas, alrededor del 30% de los niños que viven en las calles de Vijayawada están ya infectados, y muchos están expuestos a un riesgo elevado de contraer la enfermedad ya que su vida transcurre entre el abuso sexual y la explotación. Entre los niños que cuidamos en Daddy’s Home, 35 de ellos son seropositivos.

Care&Share se ha comprometido a luchar contra la propagación del VIH y a mitigar el sufrimiento de los niños cuya vida está marcada por el SIDA. Butterfly Hill proporcionará un nuevo hogar a centenares de niños huérfanos a causa del SIDA. El hospital que se construirá en las instalaciones servirá como un local para hacer análisis y como un lugar en que los niños ya afectados puedan recibir la ayuda médica adecuada.

Nuestro compromiso se fue consolidando a medida que éramos testigos una y otra vez de los efectos tan devastadores que esta enfermedad tiene en la vida de los niños. Tan importante como es cuantificar la epidemia del SIDA, es fácil olvidar la verdadera trascendencia de esta tragedia si pasamos por alto su verdadero rostro humano. Cada víctima y húerfano del SIDA tiene una historia única que contar. Éstas son las de Gopi y Durga.








 

Gopi -

Extraído de un correo electrónico que Carol Faison envió en 2003:

Hace dos días visité Toti’s Home. Está situado cerca del centro de la ciudad y no lejos de la oficina, por lo que es una instalación adecuada para los niños que rescatamos. Cuando llegan, sucios y desaliñados, estos niños huidos parecen adultos. Una vez que se han aseado y han tomado un buen plato de comida vuelven a parecer niños, y es entonces cuando te das cuenta de lo vulnerables que son. Los niños se quedan en Toti’s Home hasta que localizamos a sus familias y decidimos dónde deben ir después.

La última vez que visité Toti’s Home había tres nuevos niños, tenían la cabeza rapada y vestían harapos. Se trataba de una niña de ocho años, un niño de siete y otro de tres, Gopi, que era adorable. Eran hermanos y no tenían a nadie que les cuidara, sus padres habían muerto de SIDA. En los últimos meses hemos acogido a 40 niños en Daddy’s Home, algunos de dos o tres años. Al mirar a Gopi y a sus hermanos, pensé que sería conveniente que se hicieran la prueba del VIH. Hoy, mientras les hacían los análisis en Daddy’s Home, estaba en la oficina y pensaba qué futuro les aguardaría.

Cuando el doctor visitó Toti’s Home lo acompañé porque quería estar junto a los niños. Se pusieron en fila rápidamente y ninguno lloró. Al primero que pincharon fue al pequeño Gopi. Lo sostuve en brazos mientras los demás esperaban su turno. Lo apreté fuerte y rezaba porque saliera todo bien –aunque en realidad, ya sabía que cuando sus padres lo concibieron, ellos ya estaban infectados-. Gopi permanecía tranquilo y me sonreía. Mientras tanto, los otros niños jugaban. Era un momento realmente importante, en el que su destino se les podría haber revelado en un momento, pero los niños parecían contentos y despreocupados. Las gotas de sangre que caían se recogían en un pequeño recipiente que contenía una solución química. Los adultos permanecían en silencio.

El análisis de Gopi resultó seropositivo. Soy incapaz de describir la pena que sentí mientras sostenía al niño en brazos, pensando en que estaba destinado a vivir enfermo el resto de su vida. Sentí mucha lástima por sus hermanos, que habiendo perdido ya a sus padres, tendrían que soportar la pérdida de su hermanito. Me pregunto cómo debe de sentirse un enfermo de SIDA en medio de personas sanas que te miran con miedo, y no con amor. Todas estas emociones y pensamientos me acompañan todavía. Estoy aturdida.

 

Durga -

En febrero de 2005, una chica joven llamada Durga llegó a la oficina de Care&Share en Vijayawada. Venía acompañada de un señor que había comprado a la niña a su padres, ya muy enfermos, hacía unos años en una parada de autobús. Los padres de Durga murieron al poco tiempo de una enfermedad relacionada con el SIDA. Durga ha sido seropositiva desde su nacimiento, y cuando su madre adoptiva lo supo huyó junto con sus hijos biológicos. Por el contrario, su padre adoptivo se negó a abandonarla y le dio cariño. Finalmente, decidió traerla con nosotros.

Durga tiene ahora nueve años. Cuando llegó a la oficina sufría malnutrición severa. Tenía el pelo plagado de piojos y se le caía, y los dientes se le estaban pudriendo. En un principio pensamos que no podríamos salvarla, pero al mismo tiempo percibimos que en ella cabía seguir luchando. Queríamos ayudarla, pero no sabíamos cómo.

Antes de la llegada de Durga, Care&Share había hecho análisis a 500 de los 8000 niños que integran nuestro programa, y descubrimos que 15 de ellos eran seropositivos. Estos niños seguían una dieta especial y estaban en constante observación, pero ninguno de ellos había estado en tan malas condiciones como Durga. Tras la llegada de Durga, todo el personal de Care&Share sabía que su caso era diferente.

Nuestro conocimiento sobre el VIH/SIDA era limitado y no disponíamos de medios ni conocimiento para tratar casos como el suyo. Sin embargo, lejos de ser un caso aislado, Durga fue el primer caso de una serie de casos similares que llegaron a nuestra puerta. Según ONUSIDA, en el estado de Andhra Pradesh están ocho de las catorce denominadas “zonas calientes”, áreas en las que el SIDA está en aumento en la India. Las instalaciones para atender a las víctimas del SIDA son pocas e inadecuadas.

Durga nunca ha oído hablar del SIDA, y tampoco sabe que a través de ella hemos aprendido más de lo que cualquier libro, artículo o programa de televisión nos hubiera podido enseñar. Ella le ha dado un rostro humano a la epidemia de la que tanto hemos oído hablar.



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